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Relaciones entre las políticas públicas culturales y la gestión cultural.

Diana Guerra.

Diana Guerra, egresada de la especialidad de historia de la PUCP y Magíster en Gestión Cultural por la Universidad de Barcelona, reflexiona sobre la importancia de las políticas culturales en el desarrollo de las naciones. Por ello, considera pertinente la incorporación en la administración pública de gestores culturales, encargados no sólo de informar a la ciudadanía, sino de dar una visión de conjunto y brindar soluciones en el amplio y complejo universo de la cultura.

Por políticas culturales entendemos aquel conjunto de intervenciones que tienen como objetivo fomentar los procesos culturales y alentar una dinámica que satisfaga las necesidades de los ciudadanos o de un grupo de ellos, en este campo. Estas políticas pueden ser diseñadas, conciente o inconscientemente, por los agentes culturales que participan en dichos procesos, indistintamente de si actúan en las esferas públicas o privadas. Es decir, si bien pueden estar resumidas en un documento, pueden no ser explícitas. En ese caso, no debe suponerse que no existen, sino que deben ser leídas en las acciones, decisiones o intervenciones que toman los diferentes agentes en relación al sector.


Las políticas culturales no deben limitarse a recitar una lista de actividades de lo que “vamos hacer en cultura” ni tener un carácter inmediatista. Germán Rey decía que en nuestros países latinoamericanos, a veces, dichas políticas se deciden con la visita de una señora al despacho del ministro. Con ello se refiere a que las políticas culturales diseñadas desde las administraciones públicas muchas veces son más efímeras que propuestas de largo aliento, se hacen con frecuencia “sobre la marcha, en respuesta a presiones imprevisibles” y suelen responder a necesidades individuales porque se desconoce las necesidades culturales globales de la población para la que actúan.    


Muy por el contrario, las políticas culturales pueden cumplir un papel mayor en el desarrollo de un país, apuntando a ser transformadoras, en el sentido de proponer proyectos culturales que permitan una permanente reflexión y cuestionamiento del orden establecido. Son una herramienta poderosísima para los gobiernos. Las políticas culturales, a decir de Vich, pueden “involucrar a los ciudadanos en la construcción de una nueva imagen de sí mismos y los moviliza hacia mayores cambios sociales. Es decir, toda política cultural puede ser entendida como un intento de pasar de la inercia desmoralizante a un proyecto que proponga el futuro desde el trabajo cotidiano en el presente. Se trata de enfrentar los problemas sociales mediante prácticas culturales y ubicar a la cultura como un agente de cambio y desarrollo social”.


El tramado de las políticas culturales
Es factible, y sería interesante, identificar las propuestas de política cultural aplicadas por los diferentes gobiernos a lo largo de la historia del Perú. Un primer intento ha sido realizado por Luis Lumbreras, quien llega a analizar la política cultural de los estados prehispánicos. Claro está que la necesidad de contar con políticas especializadas y sectoriales responde más bien a la idea de un Estado del bienestar, por lo que es difícil hacer el ejercicio en otras y muy anteriores formas de organización y gobierno. Además, los procesos democráticos alientan la existencia de varias y diferentes políticas culturales que se confrontan entre sí y que se cruzan indiscutiblemente con otros sectores, y a diferentes niveles.


Esto nos lleva a plantear algunas precisiones: las políticas culturales que diseñan agentes privados y las que diseña la administración pública son diferentes en tanto la segunda debe apuntar a resolver las necesidades globales de toda la población y está obligada a responder al interés general. La primera, en cambio, define sus intervenciones en el campo de la cultura de acuerdo a la naturaleza de la empresa y los objetivos que tenga en relación a su negocio, luego de lo cuál elige su público objetivo y las acciones que realizará.


Otra precisión parte de la necesidad de contar con políticas culturales locales o regionales que identifiquen las características de una población determinada y que apunten a resolver necesidades específicas en un determinado territorio. Las políticas culturales diseñadas por los gobiernos locales deben mantener diálogo constante con las desarrolladas por los otros agentes del sector, con las de otros sectores (educación, salud, empleo, etc.) y con las políticas diseñadas por la administración pública central para el ámbito nacional. Este complejo tramado requiere de hábiles tejedores.

Diseño e implementación de una política pública cultural  
En el Perú, los esfuerzos por volver explícita la política cultural diseñada desde la administración pública  -lo que de alguna manera la convierte ya en fuente y objeto de análisis y debate- han terminado en documentos de lineamientos  poco difundidos y difícilmente aplicables. Son tratados teóricos, de muy interesante lectura, pero que difícilmente serán útiles para las transformaciones que plantea Víctor Vich y menos aún para el desarrollo de planes estratégicos de cultura.
Son muchas las preguntas que surgen, entonces, cuando nos enfrentamos al reto de diseñar e implementar una política pública cultural. En este artículo proponemos que son tres las preguntas básicas que deben hacerse: 

  1. ¿De dónde parte una política pública cultural?
  2. ¿Hasta dónde llega?
  3. ¿Quiénes pueden aportar a su diseño e implementación?

http://palestra.pucp.edu.pe/index.php?id=275


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